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Evita que su piel se reseque en invierno: los mejores tips

¿Has notado como la piel del adulto mayor se torna más delgada? Seguramente sí. También que se afloja, pierde grasa, elasticidad y hasta parece más sensible, y si la tocas, puedes sentirla suave o áspera; y en esto puede influir la estación del año.

Te preguntarás ¿qué tiene que ver la época del año? Y te decimos que, ¡mucho! A veces nos limitamos a pensar que a la piel solo hay que cuidarla durante el verano, pero ¿qué hay del frío? Las épocas frías también puede perjudicarla, y por eso debemos estar atentos para garantizar su buena salud cutánea.

Los extremos de temperatura perjudican la piel del adulto

Las condiciones climáticas extremas, tanto frío como calor, pueden afectar la piel del aciano, produciendo lesiones como la xerosis, que es una molesta resequedad que no solo afecta a personas adultas sino también a aquellos que padecen diabetes.

Por lo general desconfiamos del sol y las temperaturas altas, pero el frío extremo hace que la piel se deshidrate y se reseque. Cuidar de este órgano, el más grande de todo el cuerpo, también es una responsabilidad del cuidador.

Riesgos a los que se expone la piel del paciente en esta época

El frío actúa de manera silenciosa. Si bien puedes estar en casa cuidando que el paciente no esté en contacto con las bajas temperaturas o que la exposición sea mínima, evitar que la piel se reseque durante el invierno es todo un juego de supuestos. ¿Por qué? Porque si el frío del exterior no lo hace, lo hará el calor de la calefacción.

Principales riesgos

  • Disminución de la hidratación de la dermis
  • Dermatitis
  • Vasoconstricción, es decir menor aporte de sangre a la piel
  • Reducción de la secreción de la dermis
  • Resequedad
  • Grietas, sobre todo en espalda y manos
  • Presencia de prurito (comezón)
  • Lesiones cutáneas
  • Engrosamiento de la piel
  • Descamación
  • Grietas
  • Aparición de hematomas o moretones

¿Sabes por qué los ancianos son más vulnera en el verano? Te lo contamos en este artículo.

 

Principales lesiones en esta época

Sabañones: Conocidos también como eritema pernio, son un enrojecimiento e inflamación de la piel por la exposición al frío, cuando ésta se da de manera brusca. Se produce en los dedos de manos y pies, orejas, nariz y mejillas.

Abultamientos  rojos: Causan picor y dolor. Al rascar pueden lastimarse.

Urticaria: Reacción alérgica que se da al exponerse al frío ambiental. Esto origina la aparición de habones al cabo de menos de media hora de la exposición y las lesiones suelen desaparecer por sí mismas tras unos minutos. Si la exposición al frío persiste la reacción puede ser más grave.

Eccema: Son varios tipos de hinchazón de la piel.  La mayoría de los tipos causa sequedad y comezón en la piel, además de salpullidos  en la cara, al interior de los codos y detrás de las rodillas; y en las manos y los pies. Rascarse la piel puede enrojecerla, aumentando la hinchazón y picazón.

Grietas resecas: Provocan picazón, lo que provoca enrojecimiento, grietas y posible sangrado.

Patologías como psoriasis, eczema, dermatitis y seborreica, acné, rosácea o cuperosis pueden verse agravadas por el frío. Posiblemente esto se deba a que la piel deshidratada es más frágil y vulnerable a los brotes.

Fenómeno de Reynaud: Esta afección se desencadena por el frío o las emociones fuertes y hace que los dedos se pongan de color blanco, y luego azul, durante minutos e incluso horas, debido a una intensa vasoconstricción. Si hay un mucho dolor o entumecimiento se debe acudir al médico.

Cómo prevenir lesiones en la piel

Cuidar el cuerpo de la exposición a temperaturas extremas: Si bien es común pretender asear al adulto con agua caliente, debemos saber que esto podría resultar más dañino aún. Esto puede provocar resentimiento en la piel, tornándola roja, además ser perjudicial para la circulación sanguínea. Mejor bañarlo con agua a temperatura moderada.

Secado completo: Luego de la ducha, cuidar secar bien el cuerpo del anciano, sobre todo en pliegues cutáneos.  Es recomendable hacerlo mediante toques suaves con la toalla para evitar la fricción.

Hidratación constante: Aplicar abundante crema hidratante en diferentes partes del cuerpo, no solo aquellas más expuesta al frío. Tener la piel húmeda al aplicar las cremas hidratantes favorece la absorción de esta, disminuye la sequedad, restaura la barrera cutánea y alivia la picazón. Grantizar que beba 1,5 litros de agua al día.

Una dieta equilibrada: Siempre deben estar presentes las frutas y verduras, así como alimentos antioxidantes que retrasen el envejecimiento cutáneo. Zumos y sopas, legumbres, cereales y hortalizas; aportarán la cantidad de vitaminas y antioxidantes necesarios para paliar los daños sobre la piel y mejorarán los mecanismos de defensa naturales.

No exponerlo al frío: Evitar salir a la calle en los momentos de más fríos. Aprovechar las horas de mejor temperatura para hacerlo tomar aire, siempre abrigando su cuerpo de las bajas temperaturas.

Temperatura del ambiente: Mantener una grado de humedad adecuado dentro del hogar, ya que la calefacción reseca el ambiente y, por lo tanto, la piel, haciéndola más vulnerable.

Evitar el jabón en barra y las esponjas: Mejor cambiarlo por limpiadores que sean suaves, cremosos y sin perfume.

Protección solar: Uso de filtro solar diario, aunque no esté expuesto al sol. Evita o retrasa el fotoenvejecimiento cutáneo, que es responsable de muchas de las manchas y arrugas que caracterizan esta etapa de la vida.

En cuanto a la vestimenta: Usar ropa que cubra la mayor cantidad de piel posible, así evitar la resequedad, limitar el daño solar y la posibilidad de lesiones físicas.

Últimos consejos

Recuerda que, aunque no lo parezca, el invierno también hace lo suyo en la piel del adulto mayor. Por eso mismo, permanece atento a los cambios que se presentan, sobre todo si notas enrojecimiento o que se pica con frecuencia alguna zona. Revisa el estado de la piel en todo el cuerpo y de manera regular. Aprovecha los recuerdos de aseo, así no se siente presionado ni invadido.

Poner atención en el cuidado de la piel es fundamental para que el adulto mayor mejore su calidad de vida, además de evitar lesiones o posibles enfermedades relacionadas con la piel.

 

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