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¿Estamos preparados para la muerte?

En apenas una semana, Lucía lo perdió todo. La pandemia se llevó a su padre, al día siguiente a su madre y dos días después a su hermano. De una familia nuclear de cuatro personas, de pronto ya sólo quedaba una… en un instante.

Y es que justo en un instante puede perderse lo que se tiene. Y eso incluye todo: familia, amigos, pareja, mascotas, empleo, bienes materiales, dinero, juventud, la confianza en algo o alguien, prestigio social, destreza física, sentidos, partes del cuerpo…

Está claro: a lo largo de la vida, la pérdida es una constante. Pero si es algo que ocurre todos los días, ¿por qué no estamos preparados para ello?

¿Qué es la tanatología?

Lo anterior nos lleva a hablar de una disciplina científica que puede hacer mucho por las personas para sanar su relación con las pérdidas en general: la tanatología.

La tanatología estudia lo relacionado con proceso de la muerte, sus ritos y significado, así como los duelos derivados de pérdidas significativas.

El Instituto Mexicano de Tanatología señala que el objetivo de esta disciplina es proporcionar ayuda profesional a un paciente con alguna enfermedad en etapa terminal y a sus familias, o bien a una persona que esté en viviendo algún tipo de pérdida.

¿Cómo puede servirnos la tanatología?

Los tanatólogos son profesionales que pueden acompañarte en algún proceso de duelo, ante cualquier pérdida. Su trabajo siempre se realizará en un marco de respeto, cariño, compasión y dignidad.

Para lograrlo, se apoya en bases psicológicas y técnicas que pueden ayudar a la persona a sentirse acompañada y contenida cuando sea necesario. La idea es que el paciente acepte la realidad, resignifique lo ocurrido y mejore así su calidad de vida.

Según la organización mencionada, la tanatología trabaja desde varios frentes:

  • Ayudar a crear sistemas de creencias propios sobre la vida y la muerte (no como una fantasía o castigo, sino como la aceptación de la muerte como un proceso natural).
  • Preparar a las personas para asumir cualquier tipo de pérdida.
  • Educar para tratar en forma humana e inteligente a quienes están cercanos a la muerte.
  • Entender la dinámica de la pena desde un punto de vista humano, donde se acentúe la importancia de las emociones.
  • Promover el principio de autonomía, el cual le permite al individuo tomar sus propias decisiones relacionadas con el proceso de morir o de su propia vida.

Con estas tres pérdidas, a Lucía le esperaba un proceso de duelo, el cual se compone a grandes rasgos de cuatro etapas y de lo que hablamos en una nota sobre el fin de año y las pérdidas. Puedes encontrarlo dando clic aquí.

Prepararnos para la muerte

Muchos pacientes acuden a terapia por motivos relacionados con alguna pérdida. La principal razón es no saber cómo lidiar con ella e incluso aferrarse a la posibilidad de poder recuperar el objeto amado.

Lo cierto es que la muerte es la otra mitad que suele dejarse oculta, lo más lejos posible… una manera de esconder lo que en el fondo sabemos que en algún momento ocurrirá. Es un patrón de pensamiento muy alimentado por la cultura. Y eso es justo lo que impide estar preparados para la muerte.

Por eso, naturalizar la muerte puede ser un buen punto de partida para visualizarla como lo que es. Humanizar la vida también implica humanizar la muerte.

A esto se suma un importante peso social, donde se nos enseña a tener que estar felices 24 horas al día, 7 días a la semana. Esto sólo lleva a percibir al dolor y a la tristeza como emociones ‘prohibidas’ u ‘ocultas’. Por ende cualquier pérdida, al implicar malestar, suele ocultarse hasta que ya ha crecido tanto que se manifiesta de muchas maneras.

De ahí lo valioso de tocar el tema como lo que es: un proceso natural, humano y esperable. Es hacer de la muerte y las pérdidas en general algo que ocurre, una conciencia de la muerte. Serviría no sólo para estar más preparados, sino también para apreciar la vida.

Pedir ayuda ante una pérdida

Los humanos somos seres biopsicosociales. Desde la psicología, esta triada nos permite ofrecer una intervención integral, ofrecer un acompañamiento de calidad y recordarle al paciente que puede recargarse en sus redes de apoyo.

Nadie tiene por qué vivir este proceso solo. Y si los tanatólogos son profesionales formados para estos momentos, vale la pena apoyarse en ellos. Lo hemos dicho varias ocasiones en este espacio: nadie necesita ser un superhéroe que deba cargar con todo… somos frágiles y vulnerables y tenemos derecho a pedir ayuda.

Tras las muertes de sus padres y hermano, Lucía creyó que había perdido todo. Sin embargo, en realidad no era cierto. Había perdido a tres de sus familiares… pero no se había perdido a sí misma. Su proceso continúa y está cada vez más convencida de aquella máxima de Buda: “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”.

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