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El síndrome del nido vacío y cómo enfrentarlo

Dicen que ‘Los hijos son prestados’… es decir, que nacen dentro de una familia, la cual los dota de amor y valores para que, una vez que se conviertan en adultos, puedan hacer lo mismo con sus propios hijos. Fácil de entender; pero para muchos, muy difícil de aceptar.

Y es que para muchas personas, la partida de un hijo representa una pérdida particularmente dolorosa. En el fondo, los padres comprenden por qué sus hijos deben marcharse a vivir sus vidas, tal como ellos mismos lo hicieron en su momento. Pero eso no quita que lamenten su ausencia.

Como cuidador, quizá también hayas experimentado, a tu manera, cierta melancolía cuando algún paciente es dado de alta o, si es un familiar, cuando alguien más decide hacerse cargo o fallece. Claramente, no podríamos llamarlo un ‘nido vacío’ como tal, pero sí puede experimentarse esa sensación de pérdida. ¿Te está sucediendo?

 ¿Qué es el síndrome del nido vacío?

Sin importar lo cerca o lejos que el hijo se haya ido del ‘nido’, para más de un padre los sentimientos de abandono e impotencia son constantes. Es como si se le fuera un pedazo de sí mismo. Tal vez muchos cuidadores sientan algo similar con sus enfermos.

Se conoce como ‘síndrome del nido vacío’ al conjunto de sentimientos negativos (tristeza, melancolía, inutilidad) que experimentan algunos padres cuando sus hijos se marchan de casa para iniciar una vida independiente.

Quizá el adulto mayor que cuidas lo ha experimentado. Pero, ¿a qué se deben estas sensaciones?

Posibles sentimientos involucrados en el síndrome del nido vacío

  • Tristeza de saber que los hijos han crecido y ya no necesitan de los cuidados del padre.
  • Melancolía por todos los años que pasaron juntos en la convivencia cotidiana.
  • Vacío de sentir su ausencia.
  • Preocupación al pensar si el hijo podrá cuidarse solo.

De acuerdo con mi experiencia como psicólogo, también agregaría temor. Algunos padres, cuando están al cuidado de sus hijos, durante años se dedican a ellos y sólo a ellos, y cometen el error de olvidarse de su relación de pareja por centrarse en los hijos.

Y entonces, cuando los críos vuelan, los padres por fin se voltean a ver y quizá se den cuenta de que ya no tienen mucho en común. Y esa es otra pérdida. La pareja tiene que ‘REconocerse’ (es decir, volver a conocerse) y ver si aún pueden estar en sintonía con el otro.

En el caso de los cuidadores, quizá también podamos agregar una sensación de ‘sentirse necesitado’. Es decir, para muchas personas que cuidan, velar por su enfermo se convertiría en una prioridad tan marcada que, cuando ese paciente ya no está o mejoró su salud o es dado de alta, podría ocurrir un malestar emocional.

¿Cómo enfrentar este sentimiento?

Por fortuna, existen diversas alternativas para que los adultos mayores enfrenten este proceso de una manera tranquila y puedan hacer una relectura sobre lo que representa para ellos la partida de sus hijos.

¿Qué hacer?

  1. Reconocer la pérdida. No se trata de distraer la atención a un hecho que, claramente, es doloroso. Hay que llorar lo necesario y reconocer las sensaciones que produce un duelo así. Lo mismo ocurriría con la persona enferma que cuidas. Al generarse una profunda conexión, es normal sentir la pérdida.
  2.  Respetar. Ahora que está experimentando la independencia, es probable que el hijo implemente sus propias rutinas de casa, horarios y proridades. Puede que sean diferentes de las que sus padres le dieron. Si se quiere una relación sana entre ambas partes, el primer paso es respetar su nueva vida.
  3. Continuar en contacto. El hecho de que un hijo ya no esté en casa no significa que ahora sea inaccesible. Padres e hijo (así como cuidador y ex paciente) pueden mantenerse cercanos, visitarse y verse, con la prudencia necesaria. Si el crío voló a otra ciudad, por fortuna los teléfonos y las videollamadas llegan a todos lados. Y para que esa comunicación sea efectiva, ambas partes deben acordar los días y horas ideales para verse o llamarse, para no ser inoportunos ni de un lado ni del otro.
  4. Buscar ayuda. Al final, la partida de un hijo para iniciar su propia vida es un duelo. Y como tal, implica un dolor que puede ser sobrellevado con la ayuda de algún especialista de la salud. El resto de la familia y los amigos también podrían jugar un papel importante. Lo mismo si eres cuidador, los terapeutas pueden ayudarte a trabajar ese duelo.
  5. Ver el lado positivo. Aunque no lo parezca en un principio, la independencia del hijo también podría ser la independencia de sus padres. Muchas veces, por el tiempo dedicado a los críos, algunos padres se olvidan de sus amistades, familiares y hasta de actividades que siempre les hubiera gustado hacer (aprender a tocar guitarra, canto, baile, viajar, algún oficio). Este es el momento para cumplir un sueño que se postergó. En el caso de los cuidadores, si sus enfermos fueron dados de alta o mejoran lo suficiente como para ya no requerir asistencia, eso significa que buena parte del logro también tiene que ver contigo y la gran calidad de tus cuidados. ¡Celébralo!

 Vivir para volar

Todos los seres humanos nacen dotados de alas. Y con ellas, pueden llegar tan lejos como quieran. La vida nos dio alas, y nuestros padres nos enseñaron a usarlas.

Podrá ser doloroso para algunos, pero al final, los padres estarán profundamente orgullosos de ver a sus hijos volar hasta donde sus sueños los lleven.

Sí, los hijos son prestados. Y pareciera que, como cuidadores, los pacientes también lo son. Pero cuando un padre ve a sus críos volando lejos y triunfando en la vida, sabe que buena parte de esos logros siempre serán suyos.

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Abraham Monterrosas Vigueras

Author Abraham Monterrosas Vigueras

Psicólogo clínico y periodista digital enfocado en temas de desarrollo humano, estilo de vida, tendencias y bienestar.

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