Tú atiendes al enfermo pero, ¿a ti quién te cuida? El síndrome del cuidador burnout

Era inusual ver a la tía Lupe. En las reuniones familiares, solía ser la ausente o la que llegaba tarde. Tenía razones de peso. Cuidaba a su suegra, quien padecía Alzheimer; pero también cuidaba al tío Juan, su esposo, quien vive con Parkinson.

Lo hacía sola porque ninguno de sus hijos podía hacerlo. Algunos la ayudaban esporádicamente, pero al hacerlo no cuidaban a los enfermos como la tía quería. Y cuando alguno le ayudaba, la tía pasaba el día preocupada y solía llamar a casa para cerciorarse de que estaban cuidándolos bien.

“La tía Lupe está ganando indulgencia para siguientes vidas”, solía bromear yo. Con los años, la suegra falleció, pero el Parkinson del tío empeoró. Ahora, la tía tiene dolores de espalda porque su esposo la despierta por la madrugada para pedirle que lo lleve al baño.

La tía Lupe está ansiosa y deprimida, pero, sobre todo, está exhausta… El avasallador fuego de una enfermedad la ha quemado. Eso es el síndrome del cuidador o burnout.

¿Qué es el síndrome del cuidador o burnout?

Cuando un ser querido es diagnosticado con alguna enfermedad, suele surgir algún miembro cercano dispuesto a ayudar. Y aunque quizá al principio hay una gran disposición, poco a poco puede llegar a sentirse rebasado y hasta ‘quemado’ por la situación.

El síndrome del cuidador o burnout es un trastorno que presentan algunas personas que se desempeñan como el cuidador principal de una persona dependiente. Se caracteriza por un profundo agotamiento físico, mental y emocional.

Y es que una enfermedad puede ser una vorágine que arrasa con todo a su paso. Los planes de la familia cambian, hay que hacer ajustes, llegar a acuerdos, y se consume tiempo y dinero… todo en medio del dolor emocional de ver a un ser querido en una situación vulnerable.

Sabemos que, como el cuidador que eres, te haces cargo de administrar los medicamentos, acompañar a las citas con especialistas y realizar los tratamientos, además de la responsabilidad de atender las necesidades que requiera tu ser querido.

Tú atiendes al enfermo… Pero y a ti, ¿quién te cuida? 

Muchos cuidadores padecen el síndrome de burnout y quizá ni siquiera lo saben. Por eso, es importante distinguir algunos rasgos de este padecimiento.

La tía Lupe, por ejemplo, no solía dormir bien, pues temía que su esposo la despertara para llevarlo al baño y ella no pudiera escucharlo. Solía dar clases de catecismo, y las dejó para dedicarse a cuidar al tío. Incluso, cuando por fin podía tomarse unas horas libres, se sentía culpable y hasta egoísta de haberlo hecho.

Los síntomas del cuidador burnout

  • Elevados niveles de estrés y ansiedad.
  • Cansancio persistente.
  • Problemas de sueño.
  • Desinterés por las aficiones que antes solían hacerse.
  • Irritabilidad y cambios de humor.
  • Consumo de alcohol y tabaco.
  • Aislamiento social.

Algunos cuidadores también se desatienden a sí mismos con tal de servir a su enfermo, mientras que otras podrían generar resentimiento hacia otras personas que pueden ayudar y no lo hacen.

También puede ocurrir lo opuesto: que algunos cuidadores se irriten con otras personas que intentan ayudar al paciente, pues llegan a considerar que lo hacen mal o que no tienen los conocimientos para hacerlo. Ahí hay un evidente caso de burnout.

Prevención

¿Todo lo anterior te suena familiar? Descuida: hay maneras de prevenirlo.

Lo primero y más importante es reconocer el problema. Es esperable que un cambio de vida así rebase a cualquiera, porque además del desgaste físico y mental, también está la parte emocional: el dolor de saber que un ser querido ya no tiene la salud de antes.

¿Qué hacer para prevenir este malestar?

  1. No seas el único cuidador. Convoca y acepta la ayuda de otros y enséñales cómo se hace.
  2. Comunícate. Habla con la familia no solo de la evolución del paciente, sino también de cómo te sientes tú y lo que te preocupa.
  3. Lleva una vida saludable. En la medida de lo posible, come bien, descansa y ejercítate (es una manera muy sana de liberar las emociones contenidas).
  4. Date un tiempo para ti. También tienes una vida. Cuídate, sal con amigos, aunque sea un rato, lee, ve al cine, tómate una siesta… Mereces darte un respiro.
  5. Facilita la autonomía de tu paciente al máximo. Tu enfermo puede ser más independiente de lo que ambos creen. Aliéntalo y, con mucho amor, deja que haga lo que puede hacer, aunque le tome tiempo. Se sorprenderán de todo lo que puede hacer por sí solo.
  6. Infórmate. Muchas fundaciones y organizaciones dedicadas a la enfermedad que padece tu paciente cuentan con guías no solo para el cuidado de la persona, sino también del tuyo como cuidador. Entra a sus páginas web y descarga estas guías. Muchas son gratuitas.

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Cuidarte a ti mismo para cuidar a otros

¿Qué te parece? ¿Has experimentado algunas de las sensaciones que te hemos mencionado? ¿Te has sentido rebasado alguna vez ante la situación?

Es perfectamente esperable, pues se vale decir que, aunque cuidas a tu paciente con el mejor de tus esfuerzos, a ratos la situación es más grande de lo que cualquiera podría sobrellevar.

Con el tiempo, la tía Lupe entendió que ella también se merece momentos de descanso y que no puede cuidar de nadie si no se cuida a sí misma. Ahora, habla mucho más con sus hermanas y deja que otros le ayuden… Desde ahora, la llama del burnout no la quemará nunca más.

Abraham Monterrosas Vigueras

Author Abraham Monterrosas Vigueras

Psicólogo clínico y periodista digital enfocado en temas de desarrollo humano, estilo de vida, tendencias y bienestar.

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