Ejercicios para trabajar la aceptación y la autoestima

“Soy horrible”, “Nadie me va a querer”, “Me odio”… son algunas de las frases que he escuchado decir a algunos pacientes en terapia.

Lo interesante es mencionar el perfil de los pacientes que han dicho esto en sesión. Varios de ellos, por ejemplo, han sido profesionistas y con una vida de privilegios: desde líderes de empresas hasta abogados con maestría.

En ese momento, no les respondo ni repruebo sus palabras. Simplemente los observo. Sé que tienen un profundo conflicto con la visión que tienen de sí mismos. Y si eso lo han sentido tanto licenciados como ingenieros, ¿qué pasará con el cuidador?

¿Por qué la autoestima se deteriora en algunos cuidadores?

En algunos casos, las personas que cuidan de la salud de otros pueden sentir que su mundo personal gira en torno al enfermo. Pero si bien el paciente requiere de una asistencia especial, también es cierto que el cuidador, como cualquier otro ser humano, necesita amarse tanto como le sea posible.

Recordemos que la autoestima es la valoración positiva que una persona puede tener sobre sí misma. Se compone de percepciones, emociones y sentimientos.

Amarnos es el principio de una mejor vida. Cuando una persona se ama, todo florece. El amor fluye, el dinero es constante, el trabajo abunda y la salud se equilibra. Es una especie de cadena de milagros. Y si es tan efectivo, ¿por qué no ponerlo en marcha?

Trabajar la autoestima es un proceso constante

Si bien el proceso de amarse puede ser visto como una especie de panacea (y de hecho lo es), pareciera que no siempre hay tiempo para ello. La vida moderna suele tener como constantes el caos y la inmediatez. Hay poco espacio para autoconocerse y, mucho menos, para amarse.

En algunos casos, la dinámica diaria de un cuidador llega a ser tan demandante que puede afectar ciertos aspectos de su vida personal:

  • Absorber completamente su tiempo libre
  • Quitarle sus actividades y disfrutes personales
  • Reducir el tiempo de calidad en familia, pareja y amistades
  • Disminuir su seguridad y confianza
  • Agotarlo física y emocionalmente
  • Provocar enfermedades, por no poder delegar responsabilidades
  • Sensación de aislamiento y soledad

Pero por fortuna, cada vez más personas se acercan a los consultorios psicológicos a sanar su relación consigo mismos. En la primera sesión, suelo decirle al paciente que el hecho de haber acudido a terapia ya es en sí un acto de amor, la prueba máxima de que quiere vivir mejor.

Ejercicios para fortalecer tu aceptación y emociones

  1. Conócete y reconócete. Distingue las grandes habilidades que, como cuidador, ya tienes: inteligencia, valor, fuerza, tolerancia, disposición… Reconócelas en ti. Eso te llenará de autoconfianza, que es uno de los pilares de la autoestima.
  2. No te cargues de peso que no te corresponde. En la enfermedad de tu adulto, distingue lo que te corresponde, pero sobre todo lo que no. Por ejemplo, sí serías responsable de sus horarios para tomarse los medicamentos, llevar el control de sus citas médicas y hasta su aseo personal. Pero no eres responsable de si está de mal humor, si no quiso salir o si su enfermedad avanzó. Entiende que no es nada personal. No tiene nada que ver contigo.
  3. Procura tratarte con cariño. Siempre que un paciente me comenta que suele ofenderse cada vez que hace algo mal, le pido que se imagine a sí mismo como un niño que acaba de cometer un error. “A ese niño, que está aprendiendo, ¿le gritarías? ¿Crees que eso serviría? Y en todo caso, ¿crees que eso le ayudaría?”, les menciono. Así que si algo relacionado con el cuidado de tu adulto sale mal, no seas el primero en regañarte y repara el daño con el mayor amor posible.
  4. Habla frente al espejo. Si es de cuerpo completo, mejor. Mírate y di todo lo que te disgusta de ti. Cuando termines, menciona aquello que sí te gusta. Si te cuesta trabajo, recuerda los comentarios positivos de tus amigos o algún logro obtenido. Ten paciencia si no lo consigues la primera vez. Después, mirándote al espejo, y desde el fondo de tu corazón, repite en voz alta estas palabras. “Me doy permiso de conocerte. Me doy permiso de aceptarte. Me doy permiso de amarte. Y lo más importante de todo: me doy permiso de defenderte”. Te encantará la sensación que llega después de decir esto al espejo. Repítelo cuantas veces lo necesites.
  5. Celebra tus logros como cuidador. Según la enfermedad y el estado de salud de tu paciente, sabemos que habrá aspectos que se deteriorarán con el tiempo. Pero por fortuna otros no, y mucho de ese logro sin duda es tuyo. Sé el primero en reconocerlo y sentir orgullo por ello.

Es un desafío de aprendizaje, no se gana ni se pierde

Como cuidador, tienes ante sí el gran desafío de velar por la salud de otra persona. Pero en el proceso de cuidar del otro, algunos olvidan cuidarse a sí mismos.

Algunos de los puntos mencionados pueden servirte como punto de partida para llevar a la autoestima a un siguiente nivel. Conocerte es el primer paso. Date esa oportunidad. Después de todo, tienes derecho a ello.

Aceptarte, respetarte, amarte y defenderte es el principio de un romance contigo mismo que durará toda la vida.

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Abraham Monterrosas Vigueras

Author Abraham Monterrosas Vigueras

Psicólogo clínico y periodista digital enfocado en temas de desarrollo humano, estilo de vida, tendencias y bienestar.

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