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“Ahora me toca cuidar a mis padres, ¿podré con el reto?”

“Cuando no somos capaces de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos”. Esta es una máxima del gran Victor Frankl, el iniciador de la logoterapia y autor del célebre libro ‘El hombre en busca del sentido’.

Se refiere a que hay cambios que no podemos detener, y que la energía que invertimos en frustrarnos por ese hecho, podemos transformarla en algo positivo.

Quizá te esté ocurriendo algo similar ahora que eres un cuidador, pues tal vez aquella persona que ahora atiendes solía hacerse responsable de ti. El cambio puede ser duro. A final de cuentas, es un duelo: la pérdida del lugar que antes se tenía. Esto te interesa.

¿Te sientes apabullado? 

Al convertirte en un cuidador, es probable que experimentes algunas de las siguientes emociones:

  • Tristeza: Al tratarse de un duelo, puede haber una melancolía por la pérdida, al dejar de estar en el lugar de quien recibía el cuidado y convertirte ahora en quien lo proporciona. También puede haber tristeza por el estado de salud de tu adulto, del que ahora vas a cuidar.
  • Enojo: Saber que todo este proceso es inevitable y no hay nada que pueda detenerlo puede ocasionar ira en algunas personas, por la frustración ante la realidad.
  • Culpa: Para algunas personas, convertirse en cuidadores representa un desafío para el que no se sienten de todo preparados, y pueden hacer que la menor falla que cometan se convierta en el peor error.

En la psicología, sabemos que la culpa busca el castigo. De ahí, que muchos cuidadores hagan a un lado sus pasatiempos y se priven de sus merecidos ratos de ocio, necesarios para cualquier persona.

Todas estas emociones son válidas, y el primer paso es justamente reconocerlas, pues ese es el punto de partida para transformarlas y asumir tu nueva condición de cuidador.

Principios básicos para adaptarse a un nuevo rol 

Antes de compartirte qué podría ayudarte para adaptarte mejor al rol de cuidador, es importante partir de estos principios:

  1. El cambio es oportunidad. Cuidar de otro ser humano es, por encima de todo, un profundo acto de amor. Sin importar cómo es que terminaste siendo el cuidador, es el momento perfecto para devolver un poco de lo recibido.
  2. La adaptación es mutua. Seguramente, el adulto que ahora cuidas llevaba una vida saludable pero, sobre todo, independiente. Y ahora que es su momento de ser atendido, es importante recordar que también para esta persona es un cambio de rol.
  3. El proceso puede tomar tiempo. Es imposible convertirse en un gran cuidador de un día para el otro. Esta nueva condición es un aprendizaje continuo. Confía en ti y en tu criterio.
  4. Es esperable, a ratos, sentirse rebasado. Nadie necesita que te conviertas en un superhéroe o superheroína al momento de cuidar. El reto es grande y puede superar a más de una persona. Siempre recuerda que estás dando tu mejor esfuerzo.

¿Cómo asumir esta responsabilidad?

Para que tu experiencia como cuidador comience con el pie derecho, te recomendamos lo siguiente:

  • Habla, habla, habla. La comunicación es el principio de toda relación saludable. Si tienes dudas sobre cómo administrar determinado medicamento, habla. Si no sabes cómo levantar o bañar a tu adulto, habla. Si crees que tu paciente se siente incómodo con algo, habla. Si notas que también está siendo difícil para él, habla. Siempre habla. Sin importar si hay o no un parentesco entre ustedes, formarán un estrecho lazo que, con la debida comunicación, puede ser fuerte y afectivo.
  • Infórmate. ¿Cuál es la enfermedad de tu adulto? ¿Qué tipo de tratamiento necesita? ¿Cómo puedes ayudarlo? En los libros y en Internet, hay una gran cantidad de datos que pueden servirte, así como contactos con asociaciones médicas y fundaciones que incluso cuentan con manuales y material didáctico. Algunos, incluso cuentan con grupos de apoyo para cuidadores. Acércate a ellos.
  • Ten paciencia. Si algo falla en el proceso, no te regañes ni enojes contigo. Transfórmalo: repite en voz alta “Estoy aprendiendo y estoy dando mi mejor esfuerzo. Me permito avanzar”.
  • Apóyate en otros. Todo buen cuidador sabe que nadie trabaja solo. Ponte en contacto con la familia y expresa tus inquietudes. Si te es posible, fijen días específicos u horas del día en las que puedas disfrutar de tus merecidos tiempos de ocio: descansando, yendo al cine, viéndote con amigos, pasando el tiempo en pareja, ejercitándote…
  • La prevención ante todo. Sin importar si eres o no nuevo en el mundo del cuidado de otra persona, siempre es útil tener a la mano teléfonos de emergencia, sitios de taxis, números telefónicos de familiares y médicos, ubicaciones de hospitales cercanos y demás. Esto te dará mucha tranquilidad.
  • Busca ayuda profesional. La terapia psicológica está a tu servicio, y un profesional en esta área puede darte la contención que necesitas. Varios colegas incluso pueden atenderte vía telefónica o por videollamada, así que apóyate también en ellos.

¿Conoces las enfermedades a las que podría estar más expuesto tu familiar dependiente? Te lo contamos en este artículo.

 

Bienvenido a tu rol de cuidador

Sí, “cuando no somos capaces de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos”. Es decir, para seguir evolucionando, es preciso transformarnos.

Si antes fuiste alguien cuidado y ahora te toca ser cuidador, es justamente porque contaste con la fortuna de tener la suficiente vida como para llegar a este punto. Ahora, toca devolver un poco de todo lo que con tanto amor se te entregó. Es un acto de gratitud absoluta.

Sabemos que, para ti, esa persona a la que vas a cuidar es mucho más que un adulto con necesidades. Es un guerrero o guerrera que durante años luchó incansablemente para protegerte. Hoy te toca demostrar esa fuerza… y ellos son tu mejor ejemplo.

Abraham Monterrosas Vigueras

Author Abraham Monterrosas Vigueras

Psicólogo clínico y periodista digital enfocado en temas de desarrollo humano, estilo de vida, tendencias y bienestar.

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